«Dormiré en el portal de mi casa los días que hagan falta, es ella o yo»

Escrito por el 16 de mayo de 2022

La okupación de viviendas se está convirtiendo en un auténtico problema en la Comunidad de Madrid, y en concreto un tipo: la ‘inquiokupación’. La forma de actuar es muy simple. Una persona alquila una vivienda sujeta a todas las condiciones legales, paga religiosamente las primeras mensualidades hasta que, un día sin ningún tipo de miramientos, deja de hacerlo. En ocasiones se realiza de manera progresiva, y otras de golpe. De este modo, el inquilino pasar a ser okupa, y con esta modalidad, sería un ‘inquiokupa’.

Este es el término que la Plataforma de Afectados por la Ocupación ha asignado a esta modalidad para diferenciarla de la clásica ‘patada en la puerta‘. Este nuevo fenómeno se está extendiendo cada vez más por la región, proliferando sobre todo en los municipios del sur de Madrid. Esta plataforma afirma que ya es el método de okupación predominante en España, con un 70% de todos los casos.

Uno de ellos es el de María Luisa Lozano, esta madrileña detalla a 20minutos el sufrimiento que lleva a sus espaldas. Su inquilina lleva dos años sin pagar el alquiler de 625 euros, acumulando una deuda de casi 20.000 euros. Desde entonces, además de perder la renta, tiene que pagar la comunidad, la luz y el agua.

«No me paga ni siquiera los suministros. La Comunidad de vecinos me ha denunciado a mí porque, claro, no pago. Pero es que si no me pagan a mí yo no puedo pagar. Es una tortura«, explica Luisa. Su ‘inquiokupa’, está considerada vulnerable por los servicios sociales.

En su casa, ubicada en el barrio de Carabanchel, vive una familia de búlgaros: una mujer de 35 años, su hija de 16 y la abuela. Alega que no tiene trabajo y está protegida por la ley de escudo social que impide los desahucios. El juez, atendiendo a los informes de los trabajadores sociales, no dicta un alzamiento por su condición de vulnerabilidad. Se puede aducir una minusvalía, menores a su cargo o estar desempleado, entre otros. Así, pueden estar años hasta que el juez ordene el desahucio.

«La vulnerabilidad es mentira, yo le he visto trabajando en una zapatería, y también en un restaurante. Entiendo que le pagarán en negro», asegura esta vecina madrileña, que trabajo como agente de seguros.

La ‘inquiokupa’ estaba alquilada en el momento en el que Luisa se divorció. En la separación, ella recibió ese inmueble. El contrato está vencido desde el 1 de agosto de 2020, el mismo momento en que este caso llegó a los tribunales. Ahora, María Luisa no puede recuperar su casa y está viviendo cada día en diferentes hogares de amigos. Su situación económica es crítica. «Solo pido mis derechos, esta ya es indignante«, sostiene con voz de desesperación.

«El martes voy a ir a dormir al portal de mi casa, me voy a quedar allí el tiempo que haga falta. Es ella o yo«, explica Luisa. Asegurando que se encuentra en tratamiento psiquiátrico porque ya no puede más con esta situación. «Vivo desahuciada, no puedo más. Voy a empezar así, y si no llega una solución, habrá que tomar más medidas de presión«, añade.

Tres años después podrá recuperar su casa

Bastan pocos segundos de conversación con Cristina para notar su indignación. Una voz quebrada, llena de cansancio y miedo, cuenta el drama que lleva viviendo durante tres años con su inquilina, que vive en la misma urbanización que ella, y que dejó de pagar el alquiler. «Esta mujer vivía con su marido y su hija, pero ahora está sola. No trabaja, pero lleva una vida de lujo«, sostiene.

Cristina sufre una discapacidad del 88% debido a un accidente, como consecuencia tuvo que verse obligada a alquiler su vivienda, no tiene ingresos y vive junto a su hijo en casa de sus padres. «Si no fuera por ellos, yo estaría viviendo en la calle«, señala.

Cristina, vecina de Mirasierra (Madrid).
Cristina, vecina de Mirasierra (Madrid).
Cedida

Esta madrileña, que vive en la zona de Mirasierra, ha denunciado a su ‘inquiokupada’ al rechazar esta irse de su casa. Detalla que se ríe de ella cuando la ve por las zonas comunes de la urbanización, la ha amenazado de muerte e incluso la ha llegado a escupir y agredir. «Ya no puedo salir de casa de mis padres, tengo mucho miedo de encontrármela y que me haga daño«, manifiesta.

«Impotencia, soledad, sensación de que todo me ha fallado… son algunas de las cosas que siento. Tengo que tomarme pastillas para dormir. Yo creía en la justicia, no quiero ser el escudo social del Gobierno, vivo gracias a la plataforma de okupación de afectados, son gente humana», añade.

Esta asistente social, de 54 años, cuenta que ha escrito una carta a todos los dirigentes políticos, incluido el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, contando su situación. Pero que no hubo ninguna respuesta, salvo de una, la mandataria de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. «Por lo menos ella me contestó, me dijo que esto se soluciona con una ley estatal y que se solidariza con lo que me está sucediendo. Las palabras de Ayuso me han reconfortado«, sostiene.

Cristina ya tiene fecha para el desahucio de su ‘inquiokupada’, el próximo 18 de mayo. Una fecha en la que podrá ‘recuperar’ parte de su vida, siempre y cuando los servicios sociales informen al juez antes de esta fecha de las condiciones de esta mujer, si no, el desahucio, y con ello el sufrimiento, podría postergarse hasta el 30 de septiembre.

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Por: Redacción 20minutos
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redaccion@20minutos.es (Christian Morata)


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