“El padecimiento forma parte de nuestra condición mortal, existencial y biológica como humanos”

Escrito por el 7 octubre, 2019

Si en los años 50 el gran avance genético fue hallar la estructura del ADN y en los 70 fue la fecundación in vitro, la tecnología de este siglo ofrecerá perfeccionamiento biológico, implantación de nanochips cerebrales, edición genómica para borrar defectos y, posiblemente, un duro conflicto entre quienes defienden una transición al posthumano y quienes temen el fin de la especie. «Vamos hacia el transhumano, queramos o no», dice a 20minutos Elena Postigo, filósofa y doctora en bioética, tras la conferencia que ofreció la semana pasada en TEDxUnebrija.

¿El ser humano ha llegado a un punto de inflexión como especie?
Sí, porque ha sucedido algo que marca un antes y un después: la posibilidad de intervenir sobre las bases biológicas de la vida. Antes solo hacíamos transformaciones externas, pero ahora estamos realizando la ediciones genéticas. La técnica y la ciencia influían en nuestro estilo de vida y en nuestra salud, pero nunca en la biología humana. Y ahora se puede. Biológicamente hay un antes y un después. La cuarta revolución no es digital, como creen muchos, sino biológica por la posibilidad real de intervenir tecnológicamente en los genes.

Pero, ¿por qué tenemos que mejorar? ¿No sirve el ser humano tal y como es?
Yo soy crítica con el transhumanismo. Cuando empecé a leer sobre ello hace diez años me deslumbró un poco, pero lo tomé con cierto escepticismo. Escuché fortuitamente en Oxford un seminario de Nick Bostrom y me suscitó curiosidad y la misma pregunta: ¿por qué hay que mejorar al ser humano?

¿Y obtuvo respuesta?
Es verdad que hay realidades no deseables, como el dolor, la enfermedad, el sufrimiento, la condición mortal. Lo que el transhumanista se plantea precisamente es un deseo utópico de cambiar esas realidades pensando que haciéndolo vamos a ser más felices, algo que a mi modo de ver está por demostrar. Los fines del transhumanismo se comparten con la medicina, que también quiere quitar enfermedades y quiere que el hombre mejore. El problema del transhumanismo es que no tiene una mentalidad terapeútica, de restablecer una función del organismo en caso de enfermedad, sino que tiene una finalidad mejorativa, de potenciar ciertas capacidades físicas y cognitivas. Ellos piensan que esa mejora física y cognitiva nos va a llevar a una mayor felicidad. Y esa ecuación no es cierta porque parte de una premisa falsa, que el ser humano será más feliz en la medida en que sea más perfecto.

Los conceptos de felicidad, placer y salud desaparecerían además si perdemos los de tristeza, dolor y enfermedad.
Efectivamente, todo necesita su contrapunto para ser apreciado. En el futuro no podremos tener felicidad porque ya no habremos padecido situaciones de infelicidad.

No ser ilimitados, vaya.
Es que tener conciencia de límite es lo que nos permite aspirar permanentemente a superarlo. El límite es bueno, es deseable y forma parte de la condición orgánica del ser humano. El ser humano tiene un cuerpo, físico, que se desgasta y por tanto es connatural con nosotros. El problema es que ellos quieren dejar de ser humanos, cambiar esa corporeidad para hacerla transhumana y después posthumana prescindiendo incluso de la corporeidad.

¿Qué valores sustentarían una sociedad en la que no se distinga la salud de la enfermedad, o la felicidad de la tristeza?
No me lo puedo imaginar. El padecimiento forma parte de nuestra condición mortal, existencial y biológica como humanos. La vida no tendría alicientes en una sociedad en la que no sufriéramos y fuéramos eternamente felices.

O sea que el transhumanismo ya no le deslumbra.
Soy crítica no solo por sus fines, sino por unos medios que son cuestionables desde el punto de vista ético. Ese corta y pega genético para hacer a tus hijas más perfectas, más altas, con mejor coeficiente intelectual, ¿las va a hacer realmente más felices?

¿Nos podemos fiar de nosotros mismos para guiar la evolución?
No de todos, desde luego. El ser humano no es siempre fiable. Ahí es donde entra la bioética.

Explique eso.
El ser humano puede equivocarse y cometer brutales errores de bulto, véase las bombas atómicas u otras barbaridades que ha hecho nuestra especie a lo largo de su historia. Entran por medio intereses económicos. Los beneficios de un centro de investigación. Eso ya se ha visto desgraciadamente: muchos avances científicos se han demostrado que eran fake y estaban fundados en datos falsos. ¿Para qué este engaño? ¿Para que tu empresa investigadora obtenga más fondos? El ser humano puede no buscar el bien necesariamente. Hay que hacer preguntas de mayor calado y encontrar el sentido y los fines de esta transformación.

La energía nuclear no sólo son bombas, también suministra energía. ¿El mal uso de un avance técnico debe suponer vetarlo de origen?
Yo aplico el criterio de precaución, que está incorporado a la carta bioética de derechos de la Unesco. Las investigaciones deben ser ralentizadas por prudencia hasta no controlar el 100% la nueva técnica.

¿Y quién dice que una técnica está controlada ya completamente?
Hay organismos que deberían controlarlo, pero sobre todo debe ser un autocontrol. Los hombres de ciencia deben autoimponerse ciertos límites y hace falta formar a los jóvenes investigadores en una conciencia ética. Y esto muchas veces no se hace.

Ya, pero esos límites dependerán la ética de cada científico.
Hay dos ámbitos, lo ético y lo legal. Los derechos humanos son comunes y son vinculantes para todos. Hay principios claros contra todo lo que haga daño a la integridad física, que coarte la libertad, o que vulnere la justicia. El científico tiene que ver si vulnera esos principios. Un ejemplo es el CRISPR Cas-9, un corta y pega de genes que existía hace diez años y que no controlamos aún al 100%. La prudencia debe orientar al científico para no dañar a las personas.

¿Cómo le dice a unos padres que no solucionen el autismo que padecerá su hijo, un síndrome de Down o una malformación, si existe una técnica para evitarlo?
La bioética habla de acciones concretas en una circunstancia y tiempo determinado. Igual la técnica se domina dentro de 50 años pero, a día de hoy, hay que explicar a ese padre que quitar un gen del síndrome de Down puede hacer que otro gen que desconocemos no se exprese y mañana su hijo sufra otra enfermedad.

Porque no tenemos la tecnología, pero ¿y si la tuviéramos?
Entonces, sí. Me plantearía la posibilidad de intervenir. Pero repito, a día de hoy solo se puede controlar esta técnica en la línea somática, no en la línea germinal de embriones y gametos.

Tenemos miedo a todo lo que suena a eugenesia, pero ¿quién no quiere estar sano?
¿Entonces generamos una sociedad en la que solo tienen derecho a existir los sanos y poco a poco se produzca una escalada eugenésica donde la discapacidad ya no tenga espacio?

¿Debe tener espacio la discapacidad?
¡Ojalá podamos eliminarla! Aunque fíjese, hay discapacitados que dicen que quieren ser así, que no quieren que les cambien.

Tampoco tienen otra opción.
Pero incluso si la tuvieran, ellos dicen prefieren ser así. Hubo un caso muy sonado de dos mujeres lesbianas y sordas que querían que su hijo naciera con sordera para que el hijo las entendiera. Este es otro problema bioético. ¿Tenemos derecho a hacer un hijo con discapacidad, a producir un daño al hijo? La discapacidad ahora es un hecho, no hemos podido erradicarla. Ojalá pudiéramos hacerlo, pero sin erradicar al portador de la discapacidad, que son dos cosas distintas.

Vamos del gen fallido, al gen mejorado. ¿Cree que el alargamiento de telómeros nos guiará a la inmortalidad?
No. Somos seres orgánicos y la materia orgánica envejece. A día de hoy solo podemos hablar de ralentizar el envejecimiento

Pero la materia orgánica se puede regenerar.
Sí, pero el alargamiento de telómeros solo se puede realizar actualmente sobre un embrión, no podemos alargar todos los telómeros de un organismo adulto. ¿En mil años podremos hacerlo y así perpetuar nuestra existencia indefinidamente? Ahí surgen otras preguntas: ¿una existencia indefinida sería deseable? ¿Vale la pena vivir indefinidamente sin tener un para qué vivir? En aquel foro con Bostrom, todos los estudiantes de Oxford levantaron la mano cuando preguntó quién quería ser posthumano e inmortal. Fui la única que no lo hice.

Los jóvenes han crecido con muchas películas de vampiros, quizás.
Yo quiero vivir una vida lo mejor posible, sean los años que sea, ojalá muchos para disfrutar de mi familia. Pero vivir para siempre, ¿para qué?

La eternidad y la creación de vida es algo reservado hasta ahora para los dioses. ¿Qué pasaría con las religiones que basan su dogma en este rasgo diferencial respecto a los humanos?
Dios es otra cosa. El creacionismo significa crear ex nihilo, de la nada. La creación del ser humano parte de bases preexistentes, como pasa con la biología sintética que acometen científicos como Craig Venter, un estadounidense que intenta crear ADN desde bases inorgánicas. Yo creo que en el futuro hasta esto se logrará. Pero creación, sensu estricto, no es lo que haría el ser humano.

¿Ha visto lo que son capaces de hacer los robots de Boston Dynamics? ¿qué pasará cuando les implanten una inteligencia artificial?
Es impresionante. Nuestros hijos van a ver robots dentro de cien años con una capacidad brutal, como los de Blade Runner. Pero la inteligencia artificial no es la inteligencia humana…

¿Y eso por qué?
Porque es algorítimica.

¿Y la humana cómo es?
Es creativa, es emotiva y si me apuras irracional. No sigue siempre pasos de lógica. ¿Podríamos en el futuro simular emociones en un ordenador? Puede ser. Pero la inteligencia humana no es posible replicarla a día de hoy porque tiene muchos misterios.

Con misterios… ¿se está refiriendo a la existencia de un alma?
La inteligencia humana no es reductible a la mera artificialidad. Nunca la podremos simular. Hay algo que emerge del cerebro, que es la capacidad de pensar, de decidir libremente, de espaciar, de crear, que todavía no lo conseguimos explicar. Ahí llegan los límites de la razón. Hay una dimensión mistérica en el ser humano. Admito que existe el misterio. Existe una dimensión del ser humano que no logro captar con la inteligencia. El neurocientífico me dice: Elena, yo creo que en el día de mañana podremos hacerlo. Vale, pero entonces tu fe en la ciencia es igual que mi fe en esa realidad inmaterial.

¿Nos hundiría en la melancolía descubrir que, efectivamente, solo somos unos y ceros? ¿Que nuestro alma es puro código transplantable?
A mí sí. Lograr explicar al ser humano al 100%, le quitará aliciente a toda la existencia. Seríamos robots muy perfectos, pero robots. Creo que el misterio forma parte del deseo de conocer del ser humano. El día que agotemos todo eso…

En su charla en TEDxUNebrija hizo referencia varias veces a que el progreso se basa en una “nostalgia del infinito”. Si el ser humano siempre fue finito, ¿cómo se puede tener nostalgia de lo que nunca hemos sido?
No lo sé. Ese es el misterio.

Quizás vengamos de ese infinito… y ahora lo echemos en falta.
Pues probablemente sí, pero son mis creencias personales… y yo solo hablo de lo que es demostrable argumentativamente, filosóficamente y científicamente. Desde Platón, a los grandes humanistas, los grandes poetas, pintores como Giorgio de Chirico en su obra “La nostalgia del infinito”…han hablado de ese deseo y  tendencia del ser humano de ir hacia el infinito. Es el llegar a la meta como aspiración nunca cumplida. El día que realmente pudiéramos demostrar que nos reducimos a un algoritmo de ceros y unos, ese día en que el superhombre sea como Dios, la vida no tendría sentido. O buscaríamos otro sentido más hedonístico.

¿Qué día daremos el titular en los periódicos de que hemos perdido la condición humana para convertirnos en posthumanos?
El día que logremos hacer un trasvase sináptico de nuestro contenido cerebral y emociones a un ordenador. Será el día que tengamos una existencia postbiológica.

Y esa transición será pacífica… ¿o intuyes una guerra futura entre bioéticos y transhumanistas?
Sí, va a haber claramente una contraposición entre esas dos visiones. Entre aquellos que consideramos que el ser humano es un valor y quienes consideran que la persona es un elemento evolutivo que no tiene ningún valor. Sería navegar en la imaginación, pero me temo que no sería pacífico, sino bélica y conflictiva.

La historia nos dice que el sapiens llevó a la extinción al resto de especies humanas. ¿Nos extinguirán mañana a nosotros los post-humanos?
Nik Bostrom lo plantea en sus artículos. Yo creo que sí, no es inverosímil y absurdo… aunque espero que no suceda.

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BIO: Elena Postigo Solana.
Doctora en Bioética y licenciada en Filosofía con especialidad en Ética y Ciencia por la Universidad Católica Sacro Cuore de Roma. Fue profesora adjunta de Filosofía y Bioética en la CEU San Pablo de Madrid y, ahora, de Antropología y Bioética en la Francisco de Vitoria. También es investigadora centrada en el transhumanismo, mejoramiento y naturaleza humana.

HÉCTOR M. GARRIDO
Por: Redacción 20minutos.es


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