Más de un centenar de pacenses tratan de expulsar a los okupas con ruido

Escrito por el 21 de septiembre de 2022

Por: Newsdesk

La Policía Nacional entra en el bloque del piso okupado para desalojar a los manifestantes del rellano. / J. V. Arnelas

Los manifestantes llegaron a las puertas del piso, por lo que la Policía Nacional les desalojó e invitó a seguir la protesta en la calle

Rocío Romero

Más de un centenar de pacenses han tratado de expulsar a los okupas que usurparon un piso ubicado en el número 6 de la calle Altozano. Cuatro universitarios llegaron de vacaciones a su piso de estudiantes el pasado día 10 y encontraron que alguien había cambiado la cerradura. La Policía les confirmó que habían entrado y que los propios okupas les habían comunicado que no iban a salir del inmueble.

Los jóvenes no han podido recuperar sus pertenencias y el propietario del piso no ha podido entrar, mientras una pareja de entre 20 y 30 años continúa haciendo uso de la casa.

La situación ha levantado las protestas de vecinos de la finca, residentes en la calle, compañeros de barrio y pacenses en general que se acercaron anoche a formar ruido. Los vecinos convocaron la protesta a las 21 horas, aunque diez minutos antes ya había pacenses en la esquina de la calle Altozano más próxima a las viviendas militares armados con cacerolas, tapaderas y cucharones para hacerse oír. Como Pío García, vecino del centro, que ha acudido este miércoles acompañado. «Vengo porque me parece indignante que una persona pierda su derecho a la propiedad. No cabe en mi capacidad de entender».

O como Manolo Cupido, vecino del bloque, que poco antes de que llegaran los primeros manifestantes despedía a un cerrajero que le había añadido otra llave a su puerta. «Si me entran, me tengo que ir debajo del puente a dormir», dice a sus 73 años y 40 como vecino. «Nunca nos ha pasado esto y así nos vemos», decía poco antes de subir por la cacerola.

Al grito de «okupas fuera, okupas fuera» el ambiente se ha ido calentando. Los coches que cruzaban la calle tocaban el claxon, los vecinos bajaban de sus pisos y otros permanecían en los balcones de las fincas cercanas.

De la veintena inicial de personas que se repartían huchas metálicas han pasado a ser más de un centenar. Entre ellos los propios estudiantes que descubrieron la okupación y sus padres. «Queremos que nos devuelvan nuestras cosas», dicen. El propietario de la vivienda, que continúa sin poner una denuncia a la espera de decidir qué pasos pueden ser los más eficaces, ha acudido a la cacerolada. Pero se ha mantenido en un segundo plano y no ha hecho declaraciones.

El único cargo público que ha apoyado a los vecinos fue el concejal del PP Jaime Mejías. «Esto es un descontrol. La okupación en España está permitida y, al amparo del Gobierno, los vecinos están en la calle», ha valorado.

La Policía intervino

El ambiente ha seguido caldeándose hasta que minutos antes de las 21.30 horas alguien abrió el portal y los manifestantes han comenzado a subir. Los concentrados han trasladado el ruido al rellano de la escalera y a la misma puerta del piso okupado, una vivienda de cinco dormitorios en el principal. Un chico ha golpeado la puerta en varias ocasiones y otra joven ha dado varias patadas hasta que tres agentes de la Policía Nacional han subido y han pedido a los manifestantes que continuaran en la calle. La mujer explicó a los agentes que ella había okupado otra vivienda con un bebé y la habían expulsado.

«Estamos abandonados por vosotros», han oído los policías. «Las cosas de mis hijos están dentro y ustedes no hacen nada», les ha dicho una mujer sin que los agentes puedan acceder a la vivienda por cuestiones legales, como ha venido explicando HOY en los últimos días. «Nosotros hemos sido compañeros y sabemos lo que hay», les han animado otros vecinos, ya jubilados, como muestra de solidaridad. Entre el rellano, la escalera y el portal más de una decena de policías nacionales han trasladado la protesta a la calle.

Fuera, los manifestantes se preguntan si los propios okupas habían pedido el auxilio de la Policía mientras hacían sonar las cacerolas y coreando ‘fuera, fuera’ hasta que, al cierre de esta edición, los okupas no han salido de la casa ni abierto las ventanas.

Al filo de las once de la noche la Policía Local mantenía cerrados los acceos a la calle Altozando desde la autopista.


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