Miguel Campello: «Nunca he terminado una canción del todo»

Escrito por el 26 de febrero de 2021

Por: Hoy Pilar González Ruiz

A Miguel Campello, la composición y grabación de su nuevo disco le ha pillado en el mismo lugar que el anterior, La Chatarrería: su refugio en la montaña, una casa alejada del ruido y el ritmo de la ciudad. Así se gestó ‘Cinco’, el disco que cumple el mismo número en su carrera en solitario y en el que el artista vuelve a fijarse en el tiempo y el movimiento como hilo conductor de sus canciones.

– Cuando a todo el mundo le ha tocado aislarse por el confinamiento, usted ya estaba en su espacio propio

– Vivimos en un sitio apartado de todo, pero cerca de Lorca, donde la cosa está un poco rara. Esto no lo evita nadie aunque esté aislado. El espacio vital es un poquito más amplio y se nota menos, pero nos afecta a todos aunque estemos bien.

– Siempre ha reivindicado la importancia de frenar y vivir a otro ritmo, más cerca de la naturaleza.

– Llevamos mucho tiempo dejando que construyan edificios muy pequeños y se pierda esa esencia de casas bajas y patio interior. Dentro de toda esta movida, nos vamos a dar cuenta de lo importante que es vivir en sitios que hemos abandonado. No es lo mismo vivir en una ciudad con millones de personas que irte a 50 kilómetros donde tienes espacio. Nos hemos dado cuenta ahora porque ha pasado así, pero es una cuestión que tiene que ver con perder las raíces, de donde sale todo, de donde puede crecer una planta y nosotros somos una planta. Si no puedes crecer porque te confinan, lo vas a notar mucho más. Cuando te quitan la libertad de movimiento empiezan a existir cosas que antes no existían

– ¿El confinamiento le pilló con el disco terminado o aún estaba en el proceso creativo?

– Lo dábamos por terminado todo y con esta situación, que ni en sueños imaginábamos, se paró todo, se paró la tierra y apareció el tiempo para sopesar cosas. Yo estaba en medio de un disco que a veces por las prisas, te quitan ese espacio y se convierte en algo que es como coger una manzana verde. Tienes tanta hambre que, aunque no esté en su momento, te la comes. Desde hace 20 años la velocidad es brutal y nos acelera también a nosotros. He tenido la suerte de convivir con esos dos tiempos diferentes. Cuando los coches iban a 90 y ahora van a toda prisa. Me pasa desde siempre que nunca he terminado una canción del todo. En este disco ha sido un poco eso, de pensar que estaba acabado a tener un espacio imprescindible en el que, por ejemplo, no existían las colaboraciones porque no daba tiempo; todo el mundo estaba super liado. Al pararse todo, pudimos hacerlo.

– ¿Cómo planteó esas colaboraciones que aparecen en este disco?

– De distintas maneras. Estaban en mi cabeza, pero por tiempo no se podían hacer, y, como decía, de pronto se pudo. Amparo (Sánchez) , por ejemplo, pasó por casa a verme y todo surgió de una magia que salió del tiempo de estar ahí. Cuando hay mucho jaleo tampoco es bueno. Todo sería genial con un punto intermedio. En el caso de Soledad (Morente) ha sido un criterio sonoro, a raíz de una base de mi hijo que tiene 14 años y me enseña cosas nuevas.

– ¿Esas diferencias de estilo le llevan a replantear su forma de trabajar?

– Empiezo a escribir de una forma diferente, porque te obligas a crear encima de cosas que nunca hubieras imaginado. Me pasa con cosas del rap, como la colaboración con Natos y Waor, que pienso ¿dónde me meto yo ahí? Pero me obligo. Y es también ponerse las pilas y no creer que lo tuyo vale y ya está.

‘Cinco’

Así de sencillo, rotundo y simbólico bautiza el músico ilicitano su nuevo álbum. El quinto precisamente de su trayectoria solista, el más visceral y personal de sus trabajos desde que emprendiera el vuelo por su cuenta en 2011, al margen de su incontestable carrera poniendo alma y voz a elbicho. Un disco que se suma a una obra digna y versátil con entregas precedentes como Chatarrero (2011), Pájaro que vuela libre (2013), Camina (2015) y Agua, pan, amor y vino (2016), y con el que de nuevo se abre en canal sin censuras, sin temores, asumiendo riesgos, como siempre hace, como acostumbra. Propio del carisma y el talento que le corre por las venas como artista multidisciplinar que se alimenta de todas las artes, que habita y crece en ellas, que se despliega ante un lienzo virgen, toma forma entre la arcilla y se comunica con la música como lenguaje universal.

– ¿Salir de la zona de confort?

– Me gusta todo tipo de música de Radiohead a Bjork. Tengo la suerte de tener un estudio donde puedo crear todo el rato. Eso a otros les cuesta dinero y las producciones están cohibidas. Ahora no hay gira, ni discos, ni nada. Se junta el hambre con las ganas de comer. Que sigan surgiendo cosas también depende del amor a este arte y yo ya hacía canciones cuando no me dedicaba esto y ahora sigo. Concibo la vida de una forma muy musical, aunque no me gusten las películas donde te cantan todo el rato. El día a día tiene su propia melodía también.

– Esta es la primera vez que trabaja con su hijo en algo que vaya a publicar ¿Qué supone?

– Hay un tiempo de madurez para cada uno. No porque sea tu hijo vale todo. Me aporta cosas que no conozco, como The Creator, que no sabía ni quién era. No todo lo que sale en la radio y la tele es todo lo que existe, pero necesitas a alguien que te lo muestre. A veces llegar es complicado por la sobreinformación: ¿hago una cabaña o unas albóndigas en salsa? En internet puedes encontrar tutoriales para todo. Antes no era tan sencillo aprender. Es la parte que más me flipa de internet. Es una locura mágica.

– En la portada de este disco hay una buena colección de instrumentos. ¿Son los suyos reales?

– Sí, esos son todos mis instrumentos. Está hecho con un dron. Tengo muchos amigos que saben hacer cosas y saben hacer de todo. Es una cosa que agradezco mucho. Todo el resto de fotos del disco, son reales. No son photoshop sino cosas que tengo cosas por casa, como la colección de lápices de mi hija. En realidad yo colecciono de todo. Soy feliz con muy poco, pero guardo cosas que tira la gente.

– ¿Qué sensaciones tiene ante el disco que publica este viernes?

– Tengo siempre muy buenas sensaciones porque no pienso en el presente. No espero que mañana sucedan grandes cosas, sino que lo miro a largo plazo. Creo obra porque me apetece contar cosas y compartir cosas. No creo en las prisas. Lo vivo así desde hace 20 años. Y ahora estoy haciendo una entrevista. Algo estaremos haciendo bien. No sé si del todo, pero a nivel musical estoy contento, porque todo lo que he sacado hasta ahora, lo escucho de nuevo y me vuelve a transmitir. Nunca hemos hecho nada porque sí.

– ¿Le preocupan las reacciones o las críticas?

– Puedes hacer una canción buenísima con reggaeton o con trap, me da igual cómo me lo pintes si la letras es buena y dice algo. Pero todo el mundo opina sobre todo sin pensar. Hay que dar oportunidades. Pasa con los cactus; pinchan pero luego dan flores. Esa prisa influye a la hora de opinar. Yo no leo los comentarios por ejemplo. Ni buenos ni malos. Antes te comprabas el disco y si te gustaba, te gustaba. No opinabas de todo antes de saber, y la gente debería saber algo antes de criticar porque sí. Si no te gusta a ti, entonces sí, apaga y vámonos.

– En una de sus canciones canta: «Si no te veo en abril, ya te veo yo en febrero». Un tanto premonitorio.

– La verdad es que me estoy asustando. Empecé la promoción con ‘Malas Noticias’ y apareció el coronavirus. Voy a hacer una que diga que el bicho ya se fue. Hay muchas cosas que se veían venir. Hace ya tiempo que me ocurre, porque creo que todo ya existe. Nos falta mucha paciencia.

– ¿Cree que sacaremos algo positivo de esta crisis global?

– No hay mal que por bien no venga. Debemos cultivar la paciencia y dar confianza a quienes trabajan en todo esto e intentan llevarlo de la mejor manera posible. Deberíamos cabrearnos menos y confiar en que se arreglará sin enfrentarnos unos a otros.


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