Nómada: la vida entre aeropuertos

Escrito por el 21 de enero de 2023

Por : María Fernanda Leaño

“Las fugas geográficas no son la solución” dijo mi papá hace más de diez años cuando le conté que me iría a vivir a Nueva York. “A donde vayas, te llevas tus problemas contigo, no huyas de tu realidad”…

“No lo hago. Voy a crear una nueva realidad”, le respondí. (Me imagino que pensó que no duraría ni un año ahí yo sola).

Pensé también que era una ironía, si eso de andar de viaje en viaje lo aprendí de él.

Mi papá no sabía que había criado a un ser con alas, él mismo nos llevaba en road trips y viajes por el mundo todos los veranos, a países y ciudades lejanas, a sus museos y ruinas. A papá le gustaba narrarnos en forma cuentos la historia de los grandes, por ejemplo, la vida de Napoleón y de Alejandro Magno mientras visitábamos los sitios que habían conquistado.

Además dicen que “si no conoces tu historia, estás condenado a repetirla”. De historia aprendí del mejor, conozco bien el origen de la Humanidad, así como del planeta. A través de millones de años los continentes se han transformado, antes se podía emigrar de un lado a otro donde HOY se dividen continentes. En las civilizaciones antiguas fuimos nómadas, todos estamos mezclados porque teníamos acceso a pie hacia lados que hoy se encuentran a océanos de distancia. Creo que quizá en un hueco de nuestro ser en la conciencia colectiva aún lo recordamos, quizá hasta lo añoramos, al menos yo sí. Y bueno, conozco mi historia, y la condena la cumplo de a gratis abordando el tema de SER nómada.

Entonces, ¿que sucedió cuando yo me volví madre? Al poco tiempo de tener a mi hijo llegó mi padre de nuevo y me preguntó dónde iba a anidar. “Bueno”, respondí, “nacerá en Nueva York, mi casa del corazón, y crecerá entre aquí y allá, o donde decidamos estar”. “Tienes que elegir”, me respondió. “No, no lo tengo que hacer, mi hijo será criado por mí, y así soy yo: nómada. Así lo seremos, y cuando vuele del nido ya sabrá a donde lo llevan sus alas. Espero que vuele más lejos que yo”, y recalqué, “Y que nunca deje de cumplir sus sueños”.

Hoy, mi hijo Alef tiene dos años y medio, y efectivamente vivimos entre Nueva York y Ciudad de México. Alef acude a clases online y a guarderías en ambos lados, además, le hemos añadido el toque de pasar meses en nuestra casa de playa. Es impresionante cómo el hecho de vivir en diferentes panoramas ha formado su carácter y lo ha estimulado, desde la “Ciudad Gótica” hasta playas vírgenes, mar y nieve, homeless y pueblos de pescadores.

Mi hijo ama los aviones, yo me acuerdo cuando empecé mi Art Movement @MaLiNcHeArT , yo asistía a diversas ferias de arte por el mundo durante todo el año, lo cual constaba de más de 30 vuelos al año sumándole mis visitas por trabajo al corporativo familiar en Guadalajara, y cada que caminaba un aeropuerto sentía que estaba en mi casa. Cantaba, estar en aeropuertos era mi happy place. Hoy lo sigue siendo, nomás que carriola en mano.

El mundo es enorme y a la vez muy pequeño. Los diversos ecosistemas y las diferencias culturales enriquecen el existir de cualquiera y, en efecto, a donde vayas, te llevas a ti, a tu esencia, tus problemas, pero también encuentras mejores soluciones, porque el viajar abre la mente, el probar nuevos sazones, convivir con gente de otros modos de pensar y luego contemplar tus creencia expande tus horizontes, y por ende te das cuenta de que ni tú ni nadie es dueño de la verdad. Porque la verdad no existe, es efímera.

Al morir me llevaré los paisajes, los olores y colores, los mares, las montañas y la nieve, a todas esas personas que cruzaron y marcaron mi camino, y tengo mucho que contarle a mis nietos. Soy una nómada, y mi hogar soy yo misma, a donde vaya llevo mi casa porque no es un sitio, es un ser, ese ser soy yo. Mi cuerpo es mi templo y mi espíritu son mis alas.

Así que si nuestros antepasados viajaban en familia hacia tierra lejanas buscando nuevos horizontes. Creo que estoy en el camino correcto. El globo terrestre es tan basto y lleno de recuerdos, mis ojos son mi cámara de vídeo y mi mente un USB que almacena recuerdos invariables. El águila que adorna mi bandera también me simboliza a mí. Siempre con el nopal en la frente, devorando a las serpientes que me acechan, y con las alas en modo vuelo.

Muchos se quejan de la monotonía y la rutina, o de que no tienen de otra más que quedarse en un sitio por trabajo o temas familiares, así que me siento bendecida, ya que hoy en día puedo trabajar desde mi celular, además, al haber vivido en varios sitios y seguir así haciéndolo, he ido abriendo nuevas oportunidades de negocio entrelazadas entre sí. No estoy diciendo aquí que todos deberían dejar su vida y su lugar de habitat para ser como yo, simplemente es que cada uno es distinto y muchos no nos comprenden a “los nómadas”.

Ahora tengo varias casas en diversos lugares, voy y vengo. Nueva York y CDMX son mi punto central, pero si se me antoja me rentó un Airbnb en cualquier parte del mundo un par de meses y desde ahí puedo manejar todos mis asuntos. Ah, ¡como amo viajar!

Hoy mi padre se ríe cuando le platico, por ejemplo, que mañana sale mi vuelo a Nueva York y que la próxima semana vuelo a Londres, creo que ya lo sabe, que los aviones son mi happy place. Y le demostré con el tiempo que no es que huya, sino que cada vez me encuentro más, aprendo y siempre vuelvo al nido de visita. Más no por mucho tiempo. Las aves como yo migramos, el viento nos cuenta cuentos, volamos y solo paramos para descansar, contemplar y seguir.

Nómada. Águila. Mujer. Madre. Guerrera. Artista. Escritor.Soñadora. Así seguiré hasta que muera.

#theworldasmybackyard

Malinche

Diana Jaramillo
Por: Redacción rsvponline.mx


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