Salvar a la vaca blanca cacereña de la extinción

Escrito por el 12 de septiembre de 2021

Por: Newsdesk

Fundación Global Nature nació en 1993. Su primer proyecto comenzó con la compra de la finca El Baldío de Talaván (Talaván, Cáceres). Era una iniciativa europea, que llamaron Dehesas 2001, en la que se pretendía promover y recuperar la trashumancia, además de reforestar la zona. 28 años después, la plantación de nuevos árboles funcionó; la trashumancia, algo menos. Es más: las razas autóctonas extremeñas destinadas al pastoreo no han mejorado mucho desde entonces.

La ONG se encarga ahora de transformar El Baldío en un espacio que sirva para mejorar la gestión de las dehesas, que sea una especie de referente en la gestión ganadera a favor de la biodiversidad. El ganado es fundamental para ello. De ahí que protejan especies en peligro de extinción como la vaca blanca extremeña y la oveja merina negra, razas autóctonas de la región. Su proyecto ya no lleva en el nombre el año 2001. Ni el 2021. Los resultados ya llegarán con trabajo, poco a poco, sin ponerse fechas fijas, como asegura Laura García, técnico de la Fundación Global Nature.

«Toda la biodiversidad de las plantas y de vida en el suelo la dan los animales», explica. «En un clima como el nuestro, que tiene periodos muy secos y periodos muy húmedos, para que haya vida en el suelo hacen falta bacterias que lo descompongan». Pero con 35 grados, en pleno sol, las bacterias no se descomponen, básicamente porque con ese calor no existen. Por eso las vacas pueden llevar a cabo ese proceso, ya que en su estómago se dan las condiciones de humedad y temperatura necesarias para surjan y que, al expulsarlas por las heces, se cumpla el ciclo. «Ahora, lo que vemos en el campo son auténticos desiertos», apunta.

La finca mide 232 hectáreas y aspiran a que mejore la calidad del suelo en un lustro

Pero ¿por qué el suelo sigue «sin vida» si los animales están a sus anchas? La técnico alude a varias razones. La primera es que las vacas están desparasitadas con un producto que se llama ivermectina, muy barato, «que es puro antibiótico», por lo que no desarrollan bacterias. «Está muy bien –considera–, pero también nos deberíamos preocupar por nuestros suelos».

«El reto ahora está en recuperar el suelo», afirma. Desde hace un par de años empezaron a cuestionarse por qué tenían ese suelo desértico. Empezaron a visitar a otros agricultores y ganaderos y, tras encontrar similitudes, se metieron de lleno en esta recuperación.

«El plan para recuperar el suelo es realizar acciones de pastoreo rotacional, que es fundamental». Esa práctica, que no deja de ser el ‘redileo’ de toda la vida, da un protagonismo esencial a los herbívoros, que tienen que comportarse como si fueran «salvajes». García puntualiza: «Tienen que moverse en manada, como pasa en África. Las vacas han perdido su componente silvestre por lo que tratamos de recuperar esos movimientos. En ese continente, las grandes migraciones de herbívoros generan pastos».

El efecto depredador-presa hizo que estas manadas se protegieran. En Extremadura, este efecto ya no ocurre. Pero lo ideal es que se puedan manejar grandes grupos en cercados pequeños para que las vacas impacten «mucho» en el suelo en un breve periodo de tiempo. Y que descanse, mucho el pasto, también.

Es lo que ahora muchos agricultores y ganaderos denominan como manejo holístico, «que es lo que se ha hecho toda la vida en ganadería», argumenta García. El problema es que el campo ha dejado de tener ganaderos. O eso asegura ella: «Ahora tenemos maquinistas. Para mover las vacas hay muchos problemas, pero si las mueven con un tractor por 30 hectáreas no tienen ningún tipo de inconveniente. El papel de la ganadería de vacas se ha perdido porque es muy cómodo».

Según García, desde que existen los piensos todo da igual, ya que las vacas podrían estar en una nave. «La gente llega, echa el pienso y ya está. El coste de los piensos hace rentable la actividad, aunque esos insumos van creciendo cada vez más. Nos vendieron una moto que no era del todo cierta, porque si cuantificáramos económicamente el pasto que ha dejado de producir este tipo de manejo… el pienso nos ha salido carísimo».

De ahí que la palabra «biodiversidad» esté presente en todo el proyecto. «Este proyecto defiende la biodiversidad por dos razones. La primera, por el valor de las razas autóctonas: esa genética no se puede perder y está adaptada al contexto climático extremeño. Y segundo, porque genera a su vez biodiversidad», señala.

Y es que solo se necesita tener ganado pastando. «A veces es imposible saber si cuando compramos un filete de ternera en el supermercado viene de un animal cuya madre ha estado en el campo o de un animal que no lo ha visto nunca. De hecho, solo un tercio de este país vienen de terneros criados en extensivo».

Los animales que tienen en El Baldío, reitera García, están en peligro de extinción. Y es cierto que el principal patrimonio genético en peligro de extinción que tenemos en España es el de las razas autóctonas. Estos son solo dos ejemplos de todo lo que se está perdiendo.

«La vaca blanca cacereña, por ejemplo, no tiene ni siquiera un censo significativo para que se asegure la continuidad de la raza… No llega a mil cabezas. Y estamos 28 ganaderías con estas especies», explica.

Y también reflexiona sobre cómo ha cambiado el mundo productivo animal en cien años.

«Esto tiene mil años de selección pero la producción de carne ha cambiado mucho en el último siglo. Antes, esta vaca era ideal porque tenía triple aptitud: daba leche, carne y servía para trabajar. Ahora no hay vacas para tirar de arados, ni para leche. Solo para la carne. La aptitud cárnica de hecho es menor, con lo cual es bastante menos rentable y aquí no se ha hecho un trabajo de selección en profundidad, como en otros países».

La merina, por otro lado, tuvo un gran crecimiento por La Mesta, la época dorada del mercado lanar español. Pero las merinas negras se quitaban de los rebaños porque no interesaban, con su consiguiente desaparición. «La oveja merina negra, como en España hemos perdido casi toda la aptitud lanar de nuestros ganados, puede servir perfectamente para carne. ¿Por qué hacerla desaparecer?», se pregunta.

El pasado otoño comenzaron un pastoreo rotacional intenso con el objetivo de crear pastos, aunque han tardado bastante en obtener resultados porque les hacía falta agua. Tras una gran inversión en dinero y tiempo de diseño, cree que en las próximas lluvias de otoño se verán, al menos, resultados palpables.

«Este año, económicamente, ha sido una ruina, porque queríamos que las vacas impactaran en el suelo ya. Otro de los problemas es que hay que tenerlo todo limpio aunque cada vez que se pasa el arado se va el suelo, que casi ni existe, es roca. Por eso no sacamos a las vacas de las zonas señaladas hasta que han pisoteado todo», explica Laura García.

Otra técnico de Fundación Global Nature, Puerto Rivas, calcula que de momento tienen 45 madres de vaca blanca en paridera. «También tenemos novillas de reposición y tenemos terneros que hemos decidido cebar por primera vez para que vayan a ecológico; hasta ahora, iban a un cebadero en convencional. Por otro lado, contamos con alrededor de cuarenta merinas negras y la idea es que vayan aumentando».

El Baldío de Talaván mide 232 hectáreas y desde la Fundación aspiran a que algo más de 120 hectáreas hayan mejorado la vida de su suelo y la calidad y cantidad de su pasto en un lustro. Aunque no utilizarán el año 2026 para titular este nuevo proyecto de recuperación.


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