turistas, desplazados y verbenas de pueblos extintos

Escrito por el 19 de septiembre de 2022

Todoque ya no existe. Este barrio rural del municipio de Los Llanos de Aridane, en la Isla de La Palma, fue literalmente engullido por la colada de lava que comenzó a descender lentamente por la ladera de la dorsal volcánica de Cumbre Vieja hace exactamente un año.

Sus habitantes fueron evacuados y tuvieron que escapar con lo puesto, aunque algunos pudieron regresar a por algunas de sus pertenencias, pudiendo echar un último vistazo al que había sido su pueblo y el de sus padres mientras el muro de lava avanzaba implacable, cada vez más cerca.

Fátima Ramos, de 53 años, se marchó de su casa convencida de que volvería. Había sido desalojada junto a su marido y a sus dos hijas y al resto de vecinos de Todoque tres días después de la erupción. Vivía allí desde 1996, cuando terminó de construirla en un terreno heredado junto a la casa donde se había criado y donde aún vivía su madre. 

Su presagio se cumplió. Regresó a su vivienda, pero solo para salvar los últimos enseres antes de que la lava acabara con todo.

«Pedimos permiso y mi hija pequeña y yo fuimos y nos acompañaron los de la UME y el coche me lo llenaron de cosas, eran recuerdos, un cuadro que yo había hecho, cosas pequeñas y que tenían esos recuerdos emotivos para mí», rememora Ramos un año después. «Yo veía la lava humeando y nos decían: ‘No, está a 400 metros, por aquí no va a venir ahora mismo’. Y yo pensé que se rodaría, pero no se rodó, siguió avanzando y cayó la torre de la iglesia y siguió todo de frente».

35 metros de lava solidificada cubren ahora el pueblo donde había pasado toda su vida «salvo seis años» en los que vivió en Tazacorte, una localidad costera ubicada a 6 km del ya desaparecido centro del barrio de Todoque. Allí vive ahora con su familia, en la vivienda de sus difuntos suegros.

«Sientes desarraigo, ya no tienes el lugar de encuentro, yo era y soy una persona muy activa en la parroquia, en el barrio, en las fiestas, con las actividades del lugar», declara esta administrativa en una empaquetadora de plátanos, un cultivo del que también vivía su marido, que es agricultor. «Sientes desarraigo porque aquello ya no está y si en algún momento llega a estar algo parecido, ojalá sea igual, pero creo que no lo va a ser».

El Gobierno de Canarias planea expropiar terrenos al norte y al sur de la colada de lava para reconstruir el extinto barrio de Todoque, aunque los vecinos, esparcidos por toda la isla e incluso, fuera de La Palma, siguen sin noticias concretas sobre cuál será su futuro.

«A nosotros nos gustaría estar en un lugar en el que volviera a resurgir Todoque o La Laguna, todos aquellos barrios que se perdieron en la zona», declara Ramos, que, en todo caso, no espera volver a vivir en el mismo punto donde lo hizo toda su vida. «Hay mucha gente que quiere volver a la lava, pero la mayoría no, eso es muy difícil. No te digo que si abren carreteras y con los años, pero ¿Cuántos años, 50 años tengo que esperar a volver? No, yo en 50 años dudo mucho que siga aquí a no ser que resucite».

Fátima había vivido casi toda su vida en Todoque, pero la lava engulló su vivienda y la de su madre y hermano.
Fátima había vivido casi toda su vida en Todoque, pero la lava engulló su vivienda y la de su madre y hermano.
CEDIDA

«Sientes desarraigo porque aquello ya no está y si en algún momento llega a estar algo parecido, ojalá sea igual, pero creo que no lo va a ser»

Bailar y cantar frente al muro de lava

La torre del campanario de la iglesia de Todoque cayendo, rodeada por una nube de humo y cenizas, se convirtió en una de las imágenes icónicas de aquellos primeros días de la erupción. Allí daba misa cada domingo Alberto Hernández, un cura de 41 años que ha sido testigo de los esfuerzos de la antigua comunidad local por seguir manteniendo los lazos sociales.

«La misa que corresponde con la de Todoque, sigue celebrándose a su horario en la iglesia de La Laguna -otro barrio de Los Llanos que sobrevivió parcialmente a la erupción- y estos vecinos se desplazan a mayor distancia, pero siguen acudiendo», declara el sacerdote.

«También hay otros establecimientos, hay vecinos que tenían sus comercios, con su bar o con su pequeño supermercado en el barrio, que los han abierto en otros puntos de la zona y también allí, evidentemente, sigue habiendo una fidelidad de clientes que acuden porque es un entorno familiar, y la parroquia es una más de esas realidades que sigue manteniendo la identidad«, explica el padre Alberto, que es originario de de Santa Cruz de la Palma, la capital de la isla.

Vecinos del barrio de Las Manchas bailan en su tradicional Romería de San Nicolás Neri, a 10 de septiembre de 2022, en El Paso, La Palma, Islas Canarias (España). Tras un año desde la más catastrófica erupción suf
Vecinos del barrio de Las Manchas bailan en su tradicional Romería de San Nicolás Neri, a 10 de septiembre de 2022, en El Paso, La Palma.
EFE

Buena muestra de ese esfuerzo por mantener los lazos sociales es la celebración de las verbenas populares en honor al patrón local, San Pio X en el caso de Todoque, a pesar de el lugar donde se realizaban cada año ya sea totalmente inaccesible. 

El pasado 21 de agosto, decenas de vecinos de Todoque se reunieron para asistir a una misa oficiada por el padre Alberto, escuchar música y bailar juntos una vez más. La celebración tuvo lugar en La Laguna, con la aún amenazadora visión del muro de lava que decidió parar justo en este punto, como telón de fondo.

«En las puertas de la iglesia, está la montaña de lava y el edificio de enfrente, que es la asociación de vecinos, está totalmente invadida la planta baja y hay una parte derruida», describe Hernández. «Eso es lo que vemos al llegar y al salir y eso genera para muchas un reparo por llegar a este punto porque es un recuerdo constante».

– ¿Ha recuperado ya La Laguna su vida?

– «Muy lentamente se va recuperando, pero aún al barrio le falta mucho para volver a la normalidad».

El padre Alberto Hernández oficia misa durante la reciente visita de la Virgen del Pino a la parroquia de La Laguna, La Palma.
El padre Alberto Hernández oficia misa durante la reciente visita de la Virgen del Pino a la parroquia de La Laguna, La Palma.
CEDIDA

«En las puertas de la iglesia, está la montaña de lava y el edificio de enfrente, que es la asociación de vecinos, está totalmente invadida la planta baja y hay una parte derruida»

El lento reparto de viviendas

Tres días después de la erupción, Ángeles Fernández, la concejala de Servicios Sociales y teniente de alcalde del municipio palmero de El Paso, el más cercano a la boca del volcán, regresó a su casa por primera vez.

«Llegué como una moto, no conciliaba el sueño y, a día de hoy, estoy aún con medicación», declara Fernández, que tiene 49 años y lleva 12 dedicada a la política municipal y autonómica con Coalición Canaria. «Mi cara es un reflejo de todo esto, he envejecido diez años en uno y anímicamente yo me lo noto, tengo tristeza, cierta apatía y eso que yo soy una privilegiada, porque los que tenemos vivienda en la isla de La Palma ahora mismo, lo somos».

Un año después de la erupción, aún hay centenares de personas que han perdido su vivienda y siguen a la espera de que se les adjudique una nueva. Con todo, el Gobierno canario -una coalición encabezada por el PSOE- ya ha entregado 139 viviendas a otras tantas familias que perdieron su residencia habitual a causa de la erupción del volcán y está instalando otras 161 viviendas modulares en los municipios afectados.

«El reparto se está haciendo muy lento y lo estamos poniendo de manifiesto todas las administraciones, llevamos un año y todavía hay familias en los hoteles y casas de familiares», se lamenta Fernández. «En los tres hoteles que están albergando familias hay 189 personas, después de un año».

Ángeles Fernández es la concejal de Servicios Sociales y teniente de alcalde de El Paso, el municipio más cercano al volcán.
Ángeles Fernández es la concejal de Servicios Sociales y teniente de alcalde de El Paso, el municipio más cercano al volcán.
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«El reparto se está haciendo muy lento y lo estamos poniendo de manifiesto todas las administraciones, llevamos un año y todavía hay familias en los hoteles y casas de familiares»

Más allá del realojo de los desplazados por la erupción, Fernández atisba un problema mucho más sutil, pero con mayores implicaciones de cara a que la isla pueda salir de su convalecencia y recuperar su vitalidad. Un estado de ánimo generalizado, que no levanta cabeza. «La gente está muy tocada, me preocupa mucho la salud mental de las familias, la ansiedad, las depresiones, el estrés postraumático, todo eso yo creo que es palpable», declara Fernández..

Cuatro días antes de morir de un infarto, Francisco Ventura, un profesor de música de Los Llanos, y Fernández cruzaron sus caminos por última vez. Su casa era una de las pocas que había quedado en pie en el barrio de Las Manchas.

«Le quedaba justo la lava al lado, le quedaba una muralla grande y ya le habían dicho que podía regresar, pero me decía con aquellos ojos mirándome: ‘No quiero regresar a mi casa'», recuerda la concejala. «Te lo verbalizaba: ‘No quiero volver, no quiero ver a ese monstruo al lado de mi casa»’.

El turismo, al rescate

El volcán, que fue bautizado en julio como Tajogaite, sigue humeando nueves meses después de que, tras 85 días, dejase de expulsar lava por sus bocas. La nueva figura surgida durante la erupción se alza aún amenazante sobre el Valle de Aridane, una zona tradicionalmente dedicada al cultivo de plátano.

Muchas de las plantaciones acabaron engullidas por la colada volcánica y casi toda la cosecha de las que se salvaron se perdió ante la imposibilidad de recoger los frutos por los cortes de carreteras y la incesante lluvia de ceniza de aquellas largas semanas.

La agricultura no es el único sector que ha visto dramáticamente afectada su actividad. Puerto Naos, la única localidad netamente turística de la isla antes de la erupción, no quedó sepultada, pero los gases tóxicos que siguen emanando aún hoy del subsuelo hacen que este municipio costero siga siendo inhabitable.

Allí tenían su restaurante Andrés León, de 34 años, y su marido Héctor, de 33 años, ambos oriundos de la isla. Tras ser desalojados, vivieron durante tres meses en casa de unos familiares, durmiendo en un porche acristalado desde el que veían, cada noche, el volcán en erupción.

«Mientras dormíamos por la noche, contemplamos y escuchábamos el volcán, lo que nos había destrozado la vida, como para que no quedara duda de que había sido culpa de él», rememora ahora León, que sin embargo y a pesar de todo, no hace mal balance de este último año: «A día de hoy, la vida nos ha cambiado, pero nos ha cambiado para bien».

Las ayudas que recibieron estos dos hosteleros fueron escasas porque el Gobierno Canario puso como referencia los ingresos obtenidos durante el año 2019 -el anterior a la pandemia- para calcular la cuantía que correspondía a cada empresa. Su restaurante había abierto en noviembre de aquel año, por lo que la subvención, en su caso, apenas ascendió a los 8.000 euros.

Con todo, León y su pareja decidieron no quedarse esperando. Emplearon las ayudas, también una de menor cuantía del Cabildo, y sus escasos ahorros en adquirir un nuevo restaurante, esta vez en Tazacorte, que abrió sus puertas en mayo con el nombre de Ca’Yeya Café.

Andrés León (derecha) y su marido, Héctor, tuvieron que cerrar su restaurante en Puerto Naos a causa de los gases que hacen el municipio inhabitable.
Andrés León (derecha) y su marido, Héctor, tuvieron que cerrar su restaurante en Puerto Naos a causa de los gases que hacen el municipio inhabitable.
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«Mientras dormíamos por la noche, contemplamos y escuchábamos el volcán, lo que nos había destrozado la vida, como para que no quedara duda de que había sido culpa de él»

El volcán ha puesto a La Palma en el mapa para el turismo y, actualmente, los hoteles se encuentran por encima del 80% de ocupación. Miles de personas han viajado a la isla para poder observar de cerca el volcán y los restos de la erupción y esto está siendo aprovechado por muchos locales para hacer caja. Guías improvisados, alojamientos turísticos y, como en el caso de León, restaurantes que completan reservas día tras día.

«No empleamos este discurso de forma popular en la isla porque hay mucha gente que esa herida la mantiene abierta y sigue sufriendo, pero sinceramente en el fondo no hay mal que por bien no venga», declara León. «Nosotros no tenemos queja ninguna, fueron tres meses complicados en los que te han sacado de tu zona de confort a empujones, pero, viéndolo con perspectiva, suena mal decirlo, pero… bendito volcán«.

La fortuna ha sonreído también a estos dos empresarios para sortear uno de los grandes problemas que se han generado en la isla tras la erupción: el precio desorbitado de la vivienda.

«Hemos encontrado un alquiler super razonable para los precios que se están barajando. Pisos que antes valían 300 o 400 euros ahora están pidiendo por ellos hasta 1000 euros, la crisis alojativa que hay en la isla de La Palma es brutal», señala el hostelero. «Yo creo que el volcán nos puso una estrella al lado y nos dijo: ‘Tiren para adelante’. No por ser mejor ni peor persona, sino porque hemos tenido suerte».

Por: Redacción 20minutos
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redaccion@20minutos.es (Pablo Rodero/| GRÁFICO: CARLOS G. KINDELÁN)


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